Y no estamos
hablando de derrota por medio de la guerra,
por la sórdida vía militar. No.
Nos referimos a la derrota de la bestia, a través de los mecanismos que nos dispensa la
democracia (aún no plena) que ha venido ganando la sociedad colombiana.
A la bestia con
apariencia de “mansa oveja”, que vibra exacerbada, ebria por el sólo olor de la
sangre humana, particularmente de aquellos a los que, guturalmente y en diminutivo, ha endilgado el calificativo de enemigos, jamás el de adversario, por no ser sus obsecuentes.
Esa bestia, me
refiero al energúmeno de Alvaro Uribe, ayer inmerecidamente presidente, hoy
inmerecidamente senador electo, que no se resigna a su condición de ex sin más, de ciudadano común y corriente, añora sí,
vehementemente retornar al poder de Estado, al ejecutivo, así sea “encarnando”
en otra persona para que él lo posea totalitario. Es lo que se ilustra como botón de muestra
con el caso del señor Oscar I. Zuluaga (el zorro),
quien hace el papel de candidato
presidencial en la cita eleccionaria del 25 del mes que corre.
Esa pulsión que
padece Uribe aunada a su trastorno mental por el poder, está en la raíz de su mutación a bestia, que lo
hace patalear, tirar coces, rugir e intimidar. De qué manera!, difundiendo
miedo en los demás, que paradójicamente revierte a favor de sus pretensiones…
En tales
condiciones se requiere de líderes y electores,
con valor y carácter, profundamente convencidos de la situación límite que
vive nuestra democracia, para que aferrados a ella la re-animemos para salvarla
y fortificarla, ganando por amplio
margen el certamen eleccionario y derrotando -por vía de la misma democracia-,
a la bestia desbocada.
Sólo la derrota
de la bestia (y su jauría), lo hará parcialmente aterrizar y, conocer,
por fuerza de los acontecimientos,
la humildad! Que su muñeco-fetiche
en el tarjetón, sea contundentemente
atravesado por la derrota política, electoral, de los colombianos volcados a
las urnas el 25 de mayo del presente año, no permitiendo que el pasado, el odio
y la revancha, se tomen a Colombia. Sin dar lugar a una angustiante segunda
vuelta!
Sería la mejor
forma para que la paz negociada se
enfile por su cauce no reversible, de
construcción de convivencia y justicia
social en la nueva realidad del post-conflicto.
En semejante porvenir histórico, el mismo Uribe encontrará espacio para
la paz!, su paz personal.
Alcanzar un
acuerdo para doblar la página de la guerra fratricida, con el precedente de la derrota política de
la derecha cavernaria, liderada por Alvaro Uribe -El bárbaro-, pudiera ser el
quiebre histórico de una sociedad que se encuentra así misma.
Estaremos maduros para esta revolución?
Ramiro del Cristo Medina Pérez
Santiago de
Tolú, mayo 17- 2014
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