lunes, 19 de mayo de 2014

Y no estamos hablando de derrota por medio de la guerra,  por la sórdida vía militar. No.  Nos referimos a la derrota de la bestia,  a través de los mecanismos que nos dispensa la democracia (aún no plena) que ha venido ganando la sociedad colombiana. 

A la bestia con apariencia de “mansa oveja”, que vibra exacerbada, ebria por el sólo olor de la sangre humana, particularmente de aquellos a los que,  guturalmente y en diminutivo,  ha endilgado el calificativo de enemigos, jamás el de adversario,  por no ser sus obsecuentes.

Esa bestia, me refiero al energúmeno de Alvaro Uribe, ayer inmerecidamente presidente, hoy inmerecidamente senador electo, que no se resigna a su condición de ex sin más,  de ciudadano común y corriente, añora sí, vehementemente retornar al poder de Estado, al ejecutivo, así sea “encarnando” en otra persona para que él lo posea totalitario.  Es lo que se ilustra como botón de muestra con el caso del señor Oscar I. Zuluaga (el zorro), quien hace el papel de candidato presidencial en la cita eleccionaria del 25 del mes que corre.

Esa pulsión que padece Uribe aunada a su trastorno mental por el poder,  está en la raíz de su mutación a bestia, que lo hace patalear, tirar coces, rugir e intimidar. De qué manera!, difundiendo miedo en los demás, que paradójicamente revierte a favor de sus pretensiones…

En tales condiciones se requiere de líderes y electores,  con valor y carácter, profundamente convencidos de la situación límite que vive nuestra democracia, para que aferrados a ella la re-animemos para salvarla y fortificarla,  ganando por amplio margen el certamen eleccionario y derrotando -por vía de la misma democracia-, a la bestia desbocada.

Sólo la derrota de la bestia (y su jauría), lo hará parcialmente aterrizar y,  conocer,  por fuerza de los acontecimientos,  la humildad!  Que su muñeco-fetiche en el tarjetón,  sea contundentemente atravesado por la derrota política, electoral, de los colombianos volcados a las urnas el 25 de mayo del presente año, no permitiendo que el pasado, el odio y la revancha, se tomen a Colombia. Sin dar lugar a una angustiante segunda vuelta!

Sería la mejor forma para que la paz negociada se enfile por su cauce no reversible,  de construcción  de convivencia y justicia social en la nueva realidad del post-conflicto.  En semejante porvenir histórico, el mismo Uribe encontrará espacio para la paz!, su paz personal.

Alcanzar un acuerdo para doblar la página de la guerra fratricida,  con el precedente de la derrota política de la derecha cavernaria, liderada por Alvaro Uribe -El bárbaro-, pudiera ser el quiebre histórico de una sociedad que se encuentra así misma.

 Estaremos maduros para esta revolución?

                                                                Ramiro del Cristo Medina Pérez


Santiago de Tolú, mayo 17- 2014

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